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Renacer

Quiero invitarlos a renacer a partir de este momento: a llenarnos del Espíritu de Dios y a acoger su promesa: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Empapados de su amor y de su luz, renovémonos con nuevo entusiasmo, llenos de alegría, paz, fortaleza y apertura a las cosas de Dios; atentos a su voluntad en nuestras vidas; abiertos espiritualmente a crecer en el amor y el servicio; conociendo más a Jesús para reflejarlo mejor desde nuestra vida cotidiana de familia, trabajo y sociedad.

En oración, le podemos presentar nuestras vidas, problemas y dificultades; retos, sueños, aspiraciones y planes; y también los de todos nuestros seres queridos, para que su voluntad se manifieste en nosotros, comprendiendo que, cuando vivimos en Él, y actuamos para su gloria, todo es para bien y paz de nuestras almas y para influir positivamente en los demás.

Meditemos también qué podemos hacer para crecer espiritualmente para amar a Dios y servir mejor al prójimo. Cuáles acciones nos aportan a seguir desarrollando la inteligencia y la voluntad: leyendo y aprendiendo cosas nuevas, proponiéndonos nuevas metas; cultivando hábitos positivos para incorporar virtudes al carácter y purificando la memoria, buscando el perdón de Dios y superando rencores. Analicemos también qué podemos mejorar en la vida emocional y el cuidado corporal.

Pienso que, si queremos renacer, necesitamos estar atentos a nuestros pensamientos predominantes: son semillas de nuestras actitudes, comportamientos y realizaciones. Llenémonos desde la esperanza en la Providencia amorosa de Dios, el optimismo, la búsqueda de soluciones y la disposición a dar lo mejor, en armonía con quienes nos rodean y respondiendo a sus necesidades.

Para renovarnos, nutrámonos apropiadamente, evitemos ingerir basura, siendo vigilantes de las fuentes que alimentan el espíritu, la mente, los sentimientos y el cuerpo para vivir una vida integral, dándole importancia a cada circunstancia como medio para amar a Dios, seguir creciendo y servir.

Jesús llena de sentido nuestra existencia, así como colmó de luz y dicha a María y a José, a los pastores, a los magos de Oriente y a los que aprovecharon su paso en la tierra. Y también a nosotros, quienes, gracias al testimonio de otros, hemos creído en su amor, misericordia, perdón y salvación, y procuramos conocerlo y amarlo cada día más para servirle por toda la eternidad. Los magos de oriente “se llenaron de inmensa alegría…vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron y le ofrecieron regalos.”

Procuremos renacer siempre, reflexionar con gratitud con Dios planteándonos nuevos propósitos, caminos de crecimiento, buscando fuentes que aumenten nuestro amor, alegría y paz.

*Ap, 21, 5; Mt 2, 11

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